Familia navega Schaefer 510 GT (5)

Sucedió a principios de la primavera en los Estados Unidos. El brasileño Rafael, quien lleva unos años viviendo en el país con su familia, decidió disfrutar de una semana de vacaciones haciendo una travesía entre Miami y Nápoles, un elegante balneario bañado por el Golfo de México, en la costa suroeste de Florida.

 

Para ello, se embarcó en un flamante Schaefer 510 GT, que acababa de comprar de la mano de Samuel Brito, responsable de Schaefer Yachts en EE.UU., junto con su familia.

Su objetivo era cruzar las islas de un archipiélago paradisíaco llamado los Cayos de Florida, una ruta que muchas personas siempre han soñado hacer, con muchas paradas cinematográficas en el camino.

“Esto es lo mejor de esta vida: salir con la familia, esperar el momento oportuno para zarpar con mimo y seguridad”, resume Rafael, definiendo la filosofía imperante entre los verdaderos cruceros.

Familia navega Schaefer 510 GT (5)

Partió un lunes alrededor de las 4 pm, después de recibir luz verde de los meteorólogos, navegó primero hacia Elliott Key, una isla aislada que conquistó a primera vista: “¡Qué lugar tan fantástico! Aprovechamos para pasar la noche allí mismo, dentro del barco, junto a unos veleros”, recuerda Rafael.

Luego, por la mañana, sin prisa, se dirigió a la región de Cayo Largo, eligiendo una pequeña isla para fondear, disfrutando del placer de almorzar a bordo de una lancha a motor que califica como espectáculo. “De ahí salimos de la bahía y nos alejamos un poco de la costa con el objetivo explícito de darnos un chapuzón”, dice Rafael, quien, una vez más, se mostró entusiasmado con la elección.

“El mar es escandalosamente azul, y la visibilidad del agua durante la inmersión fue de 20 pies, unos seis metros, con nosotros viendo el fondo”.

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De regreso a la bahía, siguió navegando tranquilo y lentamente, dentro de la propuesta de saltar de isla en isla, algo que la región permite fácilmente, porque uno está al lado del otro, fondeó en Islamorada, uno de los Cayos de Florida (junto con Key West, Big Pine Kkey, Marathon, Duck Key, Layton, Tavernier, Key Largo y North Key Largo), islas que bordean el Estrecho de Florida, dividiendo el Océano Atlántico, al este del Golfo de México, al oeste.

“También es una región muy hermosa, llamada Everglades, con muchos manglares costeros y abundante vida silvestre. Muchas aves, peces y caimanes. Hay que tener mucho cuidado, porque la profundidad no es muy grande. Y mantén un ojo en el GPS todo el tiempo. Nuestro límite era de 4,3 pies”, dice el capitán del Schaefer 510, quien compartió el mando del barco con un marinero que conoce bien el lugar.

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En Islamorada, el fondeadero estaba frente a una marina, al lado de un parque, sin preocuparse por la seguridad. “Nuestras pernoctaciones fueron al 100% en el barco, y por eso nunca fondeamos en ningún puerto deportivo”, garantiza. La rutina era siempre la misma.

“La puesta de sol siempre se celebraba en compañía de un buen champagne. Luego, buceamos por la noche, a la hora del ancla, y nuevamente por la mañana, antes de tomar ese rico café y afrontar la próxima travesía”, detalla Rafael.

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En Marathon, 45 millas más adelante, optó por volver a salir de la bahía y proceder desde el exterior. “Fue la mejor parte de la gira. Tomamos un agua caribeña absurdamente hermosa, azul cristalina que sólo había visto en fotografía, con los delfines pasando por el bote”, describe Rafael, quien aprovecha las condiciones de navegación para hablar sobre el desempeño del Schafer 510. “Nosotros, en el medio del mar, con 51 pies. ¡El barco es realmente bueno!”

En Marathon, que está en el centro de los Cayos, la familia disfrutó de un almuerzo en un restaurante muy tradicional, que, según Rafael, recuerda a Ribeirão da Ilha, en Florianópolis, en el que prácticamente se puede llegar a bordo. “Mi botadura llamó mucho la atención, porque en la región casi no existe ese tipo de embarcación. Son más veleros. Entonces la Schaefer 510 dio un espectáculo”, dice el comandante, que aprovechó para desembarcar con su familia y conocer la ciudad.

Entre otros atractivos, esta isla cuenta con excavaciones arqueológicas que muestran los hábitos de los visitantes durante los últimos siete siglos, entre ellos piratas como Jean Lafitte y Henry Morgan,, así como un hermoso puente que conecta Marathon con Key West.

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De regreso en la bahía de Florida, a última hora de la tarde, Rafael dice que contempló la puesta de sol más hermosa que jamás haya visto, llena de matices y subtonos de rojo y naranja púrpura reflejándose en el agua. “Parecía una pintura en movimiento. ¡Una cosa hermosa!”, Dice. Ocasión perfecta para nadar, seguido de una fiesta con champán a bordo.

“Hasta mi hija, que solo tiene cinco años, se cayó al agua, con snorkel, con el gatito y el cachorro mirando, desde esa plataforma de la lancha, que se abre por un costado. Un momento inolvidable”, estima.

Familia navega Schaefer 510 GT

El último (y más largo) tramo, de casi 100 millas, fue entre Marathon y Nápoles, distancia ganada en unas 4:15 hs, con el piloto el tiempo en el mando externo, en el flybridge. “Jugamos con el barco entre 22 nudos y 24 nudos, una actuación emocionante”.

“De repente, ves que todo lo que habías concebido lo pudiste lograr”, dice Rafael, sin ocultar la emoción y el entusiasmo por el barco, que suele salir de fábrica con una suite y dos camarotes, pero en este caso, haciendo que valga la pena la posibilidad de personalización: uno de los dormitorios se transformó en una sala de ocio para su hija.

Además, uno de los baños dio paso a una gran cocina, porque, para él, el Schaefer 510 no es sólo un barco, sino una casa de playa. Al desembarcar, Rafael resumió de manera precisa, concisa y rápida cómo fue esta travesía de 257 millas en su lancha rápida de 51 pies: “¡Fue un viaje fantástico!”.

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