Río Paraná- Santa Fe.

Tras unos días estacionario, el río Paraná volvió a descender en la ciudad de Santa Fe y quedó en 58 cm. Cuatro centímetros menos que en la jornada del jueves. Esta marca es la más baja del año.

 

El fin de semana pasado el hidrómetro de la Prefectura Naval Argentina ubicado en el puerto de Santa Fe había marcado 61 cm y hasta entonces era la menor medida de este 2021, superando lo registrado en el verano (69 cm el 15 de enero).

Al llegar a los 58 cm en Santa Fe, el río Paraná quedó muy cerca de la marca récord del 2020 que fue 48 cm a mediados de mayo del año pasado. Esa altura fue la más baja de los últimos 50 años en la ciudad capital.

La advertencia de los expertos

“Tenemos bajante para rato”, remarcó Carlos Ramonell, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (FICH-UNL).

En ese sentido, el especialista explicó: “Generalmente, los caudales y niveles mínimos del río Paraná, aguas abajo de Corrientes se producen en agosto y septiembre, incluso en octubre. Si consideramos que estamos en junio, todo parece indicar que los caudales y niveles bajos de esos meses serán más acentuados que los actuales, los cuales a su vez son inferiores a los registrados el año pasado en esta época. Asimismo, dado que es un río que se alimenta de precipitaciones provenientes de las cuencas brasileñas del río Paraná y del río Iguazú, las mismas suelen ocurrir en octubre, por lo que el impacto favorable en nuestra región podría visualizarse casi dos meses después”.

Río Paraná-Santa Fe.

 “En 2018 tuvimos condiciones de aguas bajas, pero poco significativas. En 2019, estas condiciones fueron más prolongadas; en 2020 se acentuaron y este año se espera que se vuelvan más severas”, agregó Ramonell.

Cambio de paisaje

Como ya se mencionó anteriormente, la bajante del río Paraná de 2020 tuvo impactos en los ecosistemas y en el paisaje costero de la región. “A 5 km de la ciudad de Santa Fe, donde antes había una laguna, ahora hay vacas pastando”, graficó Ramonell al hacer referencia a los sectores conocidos como Monte Zapatero y Chacho Chico.

Peligro de transitar la laguna Setúbal

Ramonell reiteró las advertencias realizadas en varias oportunidades durante 2020 acerca del peligro de transitar a pie o en vehículo el lecho de la laguna Setúbal. En este sentido, recordó que “el suelo no es homogéneo, sino que presenta zonas con sedimentos antiguos y resistentes y otras con fangos muy blandos de depositación reciente. De este modo, puede ocurrir que se esté transitando cómodamente en terreno firme y de repente caer en pozos de dragado, como los cercanos a la costanera oeste. Estas zanjas suelen tener en sus fondos una cantidad importante de fangos muy blandos que se han ido depositando durante esta bajante; están próximas al contacto entre el lecho emergido y el agua lagunar, que en algunas partes tiene profundidades de 5 metros y taludes muy empinados, lo cual hace que los hundimientos sean bruscos y no graduales. Por lo tanto, es arriesgado caminar sobre la laguna, así como transitar con autos, sobre todo en los próximos días, donde se espera que los niveles hidrométricos comiencen a ascender algunos decímetros”.

Laguna Setúbal con bajante
Laguna Setúbal.

Cuidado del ambiente

Estos impactos geomorfológicos, acelerados por las condiciones de bajante, obligan a repensar el ordenamiento territorial, no solamente desde el punto de vista paisajístico. Hay otras cuestiones a atender, relacionadas con los múltiples usos que la sociedad hace de estos ambientes naturales.

“Normalmente una laguna funciona como un pulmón hidrológico que permite almacenar agua. En cambio, en un cauce, la capacidad de conducción es mucho más rápida y genera procesos erosivos más severos, lo cual obliga a pensar en sistemas de defensa diferentes”, señaló Ramonell como ejemplo.

Asimismo, el avance del delta del Leyes representa un aumento de la planicie aluvial del río, formando islas que suelen ocuparse para uso ganadero. Al respecto, el investigador advirtió: “Estamos cerca de las prácticas de quema, que empiezan a realizarse entre julio y agosto. Creo que aquellas quemas indiscriminadas del año pasado volverán a ocurrir este año si no se toman las medidas preventivas adecuadas”. En este sentido, Ramonell enfatizó: “El año pasado, la bajante nos dio la oportunidad de cambiar la forma que tenemos de relacionarnos con el río. Un año después, quizás influidos por la pandemia, es evidente que aún no lo hemos logrado”.

Fuente: El Litoral

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