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¿INVASIÓN DE “OFNIS” EN LA VENDÉE GLOBE?

Vendée Globe 2020

Que la Vendée Globe es la prueba deportiva más dura y cruel no es una afirmación gratuita. Las estadísticas siempre recuerdan que casi la mitad de la flota no cruzará la línea de meta en Les Sables d’Olonne. Los peligros de dar una vuelta al mundo impulsado por el viento en la más estricta soledad y sin pisar tierra firme son demasiados numerosos y en apenas tres semanas de competición varios son los patrones que se han topado con algunos de ellos.

Hasta la fecha, la mayor amenaza de los navegantes están siendo los ‘ofnis’. Este acrónimo responde a un objeto flotante no identificado. Puede ser un tronco, un contenedor semihundido, un glower (trozo de hielo que se desprende de los iceberg) o un cetáceo. Tropezarse con uno de esos cuerpos misteriosos -pocas veces se descubre contra qué se ha chocado- cuando el barco avanza a grandes velocidades suele dar lugar a una experiencia aterradora para el patrón y a una paliza para el barco.

Sólo en los últimos días y con pocas horas de diferencia, Sébastien Simon (Arkea Paprec) y Sam Davies (Initiatives Coeur) han sido las últimas víctimas de los ‘ofnis’. Ambos se encontraban navegando en la puerta de entrada del océano Índico, cuando la regata se adentra en los mares más inhóspitos y feroces, con rachas de viento de hasta 30 nudos y olas de cuatro metros. Los dos progresaban vertiginosamente a casi 20 nudos de velocidad cuando de pronto sufrieron golpes que les frenaron en seco.

“Fue como encallar en una roca. Escuché crujidos y volé, todo en el barco voló, incluida mi cena. Fue violento, me hice daño”, relató Davies sobre el momento en el que algo impactó con la quilla. Ella acabó con dolores en las costillas y cuello; su barco, con partes de la estructura que rodea el sistema de la quilla agrietadas y una vía de agua. La británica, con una amplia experiencia oceánica, logró achicar el agua y puso rumbo a Ciudad del Cabo (Sudáfrica) con toda la delicadeza posible para no agrandar las heridas de su velero en medio de la tormenta que tenía sobre su cabeza. Ahora busca una zona en calma donde poder analizar exhaustivamente las opciones que tiene de reparar los daños y de seguir en regata con garantías. En el siguiente vídeo, a partir del minuto 1:15, la inglesa muestra las secuelas del accidente:

Para Sébastien Simon, de 30 años, la Vendée Globe ha terminado. Abandona la regata porque los desperfectos a bordo del Arkea Paprec son demasiado serios como para atreverse a atravesar el Índico y el Pacífico, un empacho de miles de millas de océano bravo en el que prácticamente no hay refugios seguros. El martes, ocupando la cuarta posición de la clasificación, Simon sufrió una colisión en el foil de estribor que dañó la carcasa de fibra de carbono que sirve para guardar dicho apéndice. También tuvo que lidiar con el agua que entraba en las entrañas de su IMOCA volador.

El patrón del Arkea Paprec no quería darse por vencido y, en comunicación con su equipo de tierra y los diseñadores del barco, ideó un plan para llevar a cabo una compleja operación de bricolaje en alta mar: amputar los 300 kilos del ‘foil’ dañado; reparar el casco por fuera y por dentro, incluido el mamparo, y sellar bien la funda del apéndice. Cuatro o cinco días de trabajo como mínimo. Sin embargo, una segunda vía de agua detectada en el sistema del timón, así como los partes meteorológicos, que no invitaban a disponer de un escenario plácido para reparar en condiciones, terminaron por hacer añicos el sueño de Sébastien Simon de completar su primera Vendée.

Quien sí pudo reaparecer después de un encuentro con un objeto flotante no identificado fue Jérémie Beyou, patrón del Charal y uno de los grandes favoritos de la novena edición de la prueba. Si continúa en regata, es porque su accidente se produjo tres días después de cruzar la línea de salida y pudo regresar al puerto de Les Sables d’Olonne, a la casilla de la salida, para que su equipo de tierra reparara las roturas en el timón de estribor y en el backestay (cable que ayuda a mantener fijado el mástil). Beyou tuvo suerte dentro de la desgracia. Cabe recordar que la organización de la Vendée Globe sí permite acudir al puerto francés y retomar la competición siempre y cuando se produzca durante los primeros 10 días de la regata. El Charal volvió al agua, pero lo hizo sin tener ya opciones de victoria, salvo hecatombe en el resto de la flota.

Aún hay más. Maxime Sorel (V and B – Mayenne) también sufrió a mediados de noviembre un impacto que dejó patas arriba el interior del velero, si bien éste no recibió daños mayores. Una red de pesca -ya no se trataría de un ofni propiamente dicho- causó una avería en el timón de Alex Thomson (Hugo Boss) que a la postre significó el abandono del británico, que sólo tres días antes había completado una compleja reparación en la estructura de popa. Incluso la rotura del ‘foil’ de babor de Thomas Ruyant (LinkedOut) pudo deberse al mismo infortunio, si bien el patrón no sintió ningún golpe, sólo un ruido atroz cuando el alerón se quebró, por lo que no se descarta un fallo estructural.

¿Hay una invasión de ‘ofnis’ en la Vendée Globe? No, pero… La historia de la regata muestra múltiples incidentes de este tipo, pero es menos habitual que se produzcan tantos en un mismo océano. Hace cuatro años, Morgan Lagravière, Kito de Pavant y Thomas Ruyant abandonaron por el mismo motivo, si bien los accidentes tuvieron lugar en el Atlántico, Índico y Pacífico, respectivamente. Hay quien señala además que la proliferación de los ‘foils’ permite barcos más rápidos, pero menos fiables, ya que las roturas de esas piezas pueden causar daños estructurales en el barco.

Para tratar de menguar el riesgo, la flota ha estrenado herramientas para detectar ofnis. Dieciocho de los 33 patrones han incorporado a sus IMOCA el sistema OSCAR, un juego de cámaras térmicas instaladas en la parte superior del mástil y que activa una alarma cuando percibe la presencia de un objeto. Además, patrones como Alex Thomson, Boris Herrmann (Seaexplorer), Yannick Bestaven (Maitre Coq IV) o Fabrice Amedeo (Newrest) han optado por añadir adicionalmente un innovador escudo en sus bulbos; se llama Whale Shield y emite ultrasonidos en un radio de una milla para mantener alejados a los cetáceos.

Sí, los ofnis son una amenaza seria, si bien es una más de las que acechan a los navegantes solitarios. Cabe recordar que en menos de un mes el Corum de Nicolas Troussel rompió el mástilel PRB de Kevin Escoffier se partió en dos por la embestida brutal de una ola y el Hugo Boss comenzó a resquebrajarse seguramente por las cargas colosales que deben soportar los barcos más modernos, que todavía no han sido testados en una circunnavegación. Pero todos esos peligros, además de la determinación de los patrones para sobreponerse a ellos, son los que hacen de la Vendée Globe un desafío tan increíble.

Fuente: Nauta 360

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