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LOS CRUCEROS MÁS EXCLUSIVOS NAVEGAN A VELA Y ESTÁN RESERVADOS A UN NÚMERO MUY LIMITADO DE PASAJEROS

Seis navieras con los mejores barcos para disfrutar de un viaje sin estrés ni espacios masificados.

 

La búsqueda de experiencias marítimas diferentes hizo que los barcos de línea regular se adaptaran a una demanda de viajes donde el sentido no era simplemente desplazarse del punto A al punto B navegando, sino que la navegación y las escalas por placer se convirtiesen en el centro de los viajes de crucero, un mercado tan amplio como interesante con ofertas para todos los gustos, que hoy incluyen viajar a vela por todo el mundo, aunque con el confort de los buques de crucero más modernos y exclusivos. Estas son las seis principales navieras para quienes quieren navegar y disfrutar del mar a todo trapo… en un crucero.

Todavía pendientes de los primeros cruceros a consecuencia de la Covid-19, hay compañías que ya operan o están a punto de ponerse en marcha.

Club Med – 380 pasajeros

Al antiguo Club Mediterraneé, hoy rebautizado como Club Med le sucede lo mismo que Hércules Poirot: todos le atribuyen origen francés, aunque tanto en investigador creado por Agatha Christie como este grupo turístico, creado por Gérard Blitz son nacidos en Bélgica y curiosamente el primer establecimiento o poblado de su red nació en la isla de Mallorca, centrado en el turismo francófono. Hoy, esta marca nacida en la década de los 60 como símbolo de unas vacaciones hedonistas con cierto nivel, está en manos de Fosun International, un holding chino.

Fosun es accionista en sectores tan variados como la minería, el Circo del Sol, seguros, farmacéuticas, inmobiliarias o turismo, tiene en este último apartado un singular alojamiento: el Club Med 2, un velero de cruceros para 380 viajeros atendidos por una tripulación de 200 personas. Dentro del grupo está considerado como una de las joyas de la corona, junto a algunos establecimientos de cinco tridentes, que es su baremo de calidad, y ofrece cosas tan singulares como un pequeño centro de deportes náuticos en la popa, que se activa cuando el barco está fondeado, que no amarrado, en lugares determinados, con la posibilidad de practicar windsurf o esquí acuático sin pasar por tierra.

El 'Club Med 2' navegando por aguas de Portofino .
El 'Club Med 2' navegando por aguas de Portofino .
El super velero cuenta con un "Club de la Playa" en popa.
El super velero cuenta con un "Club de la Playa" en popa.

El barco, considerado una gran goleta moderna, tiene 187 metros de eslora y cinco mástiles con siete enormes velas operadas de manera automática desde el puente de mando, una energía que está apoyada por dos motores diésel-eléctrico para la navegación, que en circunstancias normales es entre el Egeo y el Adriático de mayo a octubre y en el caribe el resto del año, comercializándose también las travesías transatlánticas de posicionamiento del barco, viajes muy apreciados por quienes buscan experiencias singulares en el confort de un barco de cruceros que no es nada convencional. Tampoco lo es que sea un numero 2, cuando no existe actualmente un Club Med 1, aunque esa es una historia que se explica al conocer otra naviera: Windstar Cruises. Este verano ya hizo un breve viaje de prueba entre la Provenza, en Francia y Barcelona, esperando retomar operaciones regulares de cruceros en septiembre.

Windstar Cruises – 148 pasajeros

Nacida en los años 80 como idea casi visionaria de un grupo de empresarios estadounidense que buscaba la originalidad en el sector, los cruceros Windstar empezaron a navegar con tres cruceros a vela gemelos de 134 metros de eslora y cuatro mástiles con un entonces inédito sistema automático que despliega y guarda todas sus velas en menos de cinco minutos dentro de los mástiles. Desde antes de empezar a navegar, la idea de los armadores fue clara: ofrecer cruceros de lujo para gente que no solo apreciar el confort, sino que también le gustase la navegación y un servicio personalizado, pues como máximo los barcos llevan a 148 viajeros atendidos por una tripulación de 90 personas.

La naviera Windstar compró el Club Med1 y lo rebautizó como 'Wind Surf'
La naviera Windstar compró el Club Med1 y lo rebautizó como 'Wind Surf'
Salrium en cubierta, con pisos de madera de teca y jacuzzis.
Salrium en cubierta, con pisos de madera de teca y jacuzzis.

“Fueron pioneros y sabían muy bien el buen producto que querían”, comenta a La Vanguardia Juan Rodero, director general de Star Class, representante de las principales navieras de lujo en el mercado español, entre ellas, Windstar. “Este tipo de cruceros son para personas que ya tienen cierta experiencia a bordo de barcos y aprecien lo que en tierra sería un exclusivo hotel boutique con el añadido que en este caso el paisaje es cambiante cada día”, añade.

La historia de esta naviera incluye un desafortunado incendio de uno de sus tres veleros gemelos, lo que le empujó a ampliar la flota de un modo peculiar: como la demanda había crecido, en lugar de construir un nuevo buque, compró uno del mismo estilo, aunque mayor, el Club Med 1 (aquí está la clave que se comentó en el apartado referido a la anterior operadora) rebautizándolo como Wind Surf y en los últimos tiempos ha doblado su flota, aunque en este caso con tres cruceros-yate a motor.

La naviera está actualmente en manos de Xanterra, una corporación estadounidense nacida de algo tan lejano como los pequeños restaurantes que se fueron abriendo a modo de cantina a lo largo de las primeras líneas de ferrocarril en EE.UU. y que hoy, además de la naviera, tiene en propiedad hoteles, trenes y actividades turísticas en los principales parques nacionales de su país, lo que hace de Windstar su activo más internacional, con sus seis buques navegando por prácticamente todos los mares del mundo.

Tras el parón por la Covid, sus barcos a vela volverán al servicio progresivamente: el Wind Spirit retomará sus viajes el próximo tres de septiembre en Tahití, dos meses más tarde lo hará el Wind Surf navegando por Costa Rica y en enero de 2021 lo hará el Wind Star. En el caso de los dos últimos, está previsto que regresen al Mediterráneo para realizar cruceros en primavera de 2021.

Star Clippers – 170 pasajeros

Aunque sus barcos sean impresionantes veleros que recuerdan a viajes de finales del siglo XIX, esta compañía nació en 1991 de la mano de su propietario y fundador: el empresario sueco Mikael Krafft, un enamorado de este mundo que empezó a tener interés por todo lo relacionado con el mar desde su infancia. Eso tiene una explicación plausible, pues su primer trabajo fue en unos astilleros cercanos a Estocolmo a los que llegó con tan sólo seis años como mozo de los recados. En la fábrica de barcos y caminando por los muelles se quedaba fascinado escuchando las historias de los marineros que llevaban sus barcos a reparar. A partir de esas anécdotas y ambiente, el enamoramiento con todo lo que tenía que ver con el mar fue irremediable.

El 'Royal Clipper', el más exclusivo de los barcos de la naviera
El 'Royal Clipper', el más exclusivo de los barcos de la naviera
Star Cliper 2

Con entusiasmo y las ideas claras consiguió la financiación para construir dos veleros gemelos, de 110 metros de eslora y capacidad para 170 pasajeros, bautizados como Star Flyer y Star Clipper, que fueron todo un éxito que animó al propietario de la compañía a cumplir una de sus ambiciones: construir el mayor velero del mundo, a imitación del legendario clipper alemán Preussen, botado en 1902. Su réplica, el Royal Clipper, de cinco palos y 42 velas que cuando están totalmente desplegadas ocupan una superficie superior a los 5.000 m2, fue botada casi 100 años después: en el 2000. Con capacidad para tan solo 227 pasajeros y un centenar de tripulantes, ofrece, como sus hermanos, la experiencia de navegar a vela a la antigua usanza con detalles tecnológicos de confort del siglo actual.

Tras la crisis sanitaria mundial, los veleros de esta compañía volverán a admitir pasaje a partir del mes de septiembre: el Royal Clipper navegará desde el cinco de septiembre, el Star Flyer lo hará cuatro días más tarde y el Star Clipper, que ya está en la región del sureste asiático izará sus velas el 12.

Variety Cruises – 49 pasajeros

El origen de Variety Cruises se remonta a la Grecia posterior a la segunda guerra mundial; una época en que se empezaba a recuperar el turismo en los mares Mediterráneo, Adriático y Egeo. A partir de los años 60, Diogenis Venetopoulos, el patriarca, añadió a su cartera de servicios la organización de pequeños cruceros de entre la península y las islas. Por entonces, viajar en uno de sus barcos era una aventura casi de película: se navegaba en pequeños veleros de madera para ir recalando en playas o embarcaderos de islas prácticamente inexploradas. A bordo primaba un estilo informal, sencillo y muy auténtico que se hizo célebre entre viajeros de todo el mundo que aterrizaban en el viejo aeropuerto de Atenas-Hellinikon para embarcarse después en busca de una experiencia netamente griega.

 

Viajeros del velero 'Galileo' disfrutando del mar
Viajeros del velero 'Galileo' disfrutando del mar
El estilo clásico distingue los interiores del Velero Galileo.
El estilo clásico distingue los interiores del Velero Galileo.

“La segunda y tercera generación familiar se encargó de ir refinando el producto, sin perder autenticidad, poniéndolo al día y adaptándose a los gustos de los viajeros”, indica a Eva Bretos, su representante en España a través de Discover The World. “Los Venetopoulos encontraron la clave en cruceros boutique a bordo de megayates y veleros de nueva construcción, transportando entre 30 y 70 personas”, añade Bretos.

La superespecialización fue una de las claves y por ejemplo esta naviera fue una de las pioneras en cruceros para el mercado LGTBI. En 2006 y tras la concentración de activos nació marca actual: Variety Cruises, que hoy en día tiene una flota de ocho barcos-boutique y lanchas privadas de gran eslora. Apartada de los circuitos crucerísticos más convencionales, los barcos están basados en Seychelles, Madagascar, Cuba, Panamá y por supuesto en Grecia.

Tres de estos barcos son motoveleros, los gemelos Panorama y Panorama II, que ofrecen itinerarios en Centroamérica y las islas griegas para un máximo de 49 viajeros atendidos por una tripulación de 18 profesionales, con los que llega a zonas muy poco concurridas gracias a sus dimensiones. El tercer velero es el Callisto, de un vistoso casco azul, con tres mástiles y cinco velas y que en las ultimas temporadas ha estado centrando sus viajes en el país de origen de los armadores, enamorando a sus pasajeros gracias al conocimiento del territorio de sus tripulaciones y gracias a la coordinación con el gobierno griego ya se han retomado operaciones allí en estos últimos días.

Sea Cloud Cruises – 64 pasajeros

Esta operadora de origen alemán tiene dos veleros operativos, un tercero en fase de finalización, retrasada por la pandemia mundial de 2020, y una historia apasionante, la de un grupo de marinos alemanes que fundaron una naviera en 1979 con una intención muy clara: recuperar uno de los yates a vela más espectaculares del mundo: el antiguo Hussar, construido en 1931 como el barco privado más grande del mundo en su época. El velero fue un encargo de los Hutton, un matrimonio estadounidense de éxito en el mundo de los negocios. Más que como un yate de vacaciones, esta pareja lo usaba como gran centro de relaciones sociales y económicas, invitando a hacer viajes de placer a personas muy influyentes de aquellos momentos para hacer posible que su poder en la sociedad acomodada de los años 30 fuera aún más remarcable.

El imponente Sea Cloud II de tres mástiles.
El imponente Sea Cloud II de tres mástiles.
Uno de los camarotes VIP del Sea Cloud II
Uno de los camarotes VIP del Sea Cloud II

El matrimonio se fue a pique, al contrario que su barco, que siguió cruzando los mares y océanos de todo el mundo con Marjorie Hutton, quien se quedó con el velero en la repartición de bienes tras el divorcio. Para borrar parte de la historia del yate, lo rebautizó como Sea Cloud año 1935, ensanchando su influencia como punto de encuentro no sólo de personas destacadas del mundo de las finanzas sino también de la clase política y los diplomáticos, como una especie de embajadas americana que se movía por todo el globo, pues su segundo marido fue diplomático.

La segunda guerra mundial obligó a movilizarlo y se convirtió, sin mástiles ni velas, en un buque auxiliar al servicio de la fuerza naval de Estados Unidos a cambio de un precio simbólico pagado a la armadora, que pudo recuperarlo tras la guerra, aunque nada fue igual. El barco fue vendido luego al dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, un sátrapa de libro, que lo rebautizó como Angelita aunque no pudo disfrutarlo mucho tiempo, pues fue asesinado.

Tras pasar por varias manos y quedar totalmente abandonado, los marinos y empresarios alemanes consiguieron recuperarlo y tras una importantísima inversión le devolvieron su antiguo esplendor y el segundo nombre: Sea Cloud, lanzando una serie de cruceros exclusivos que en verano se centran en el Mediterráneo y en invierno en el Caribe y Centroamérica. El éxito de la compañía fue tal que a mediados de los 90 ordenaron la construcción de un segundo velero: el Sea Cloud 2, muy similar a su hermano y con la singularidad de estar construido en Asturias. Esta singular naviera retomará sus viajes exclusivos a finales de septiembre y espera encarar un 2021 celebrando el 90 aniversario de su primer barco y la incorporación de su novísimo velero clásico.

Ponant Cruises – 32 pasajeros

Todos los barcos, absolutamente todos, han sido protagonistas de historias. Algunas no irán más allá de lo que haya sucedido en su interior y no saldrán nunca de a bordo. Otros llegarán a ser trascendentes más allá del sector marítimo y algunos protagonizarán titulares a lo largo de todo el planeta. El Ponant, que también da nombre a su naviera, es uno de los últimos casos.

'Le Ponant' es el único velero de la compañía propiedad de la familia Pinault.
'Le Ponant' es el único velero de la compañía propiedad de la familia Pinault.
El enorme desayunador del exclusivo velero.
El enorme desayunador del exclusivo velero.

A pesar de su tamaño y la discreción, que es la filosofía de la naviera con sus pasajeros, el nombre del Le Ponant dio la vuelta al mundo hace 12 años, en abril de 2008, cuando fue secuestrado por piratas somalíes en el Golfo de Adén cuando navegaba sin pasajeros y sólo con tripulación y hacían un viaje de posicionamiento desde el océano Índico hasta el Mediterráneo. A lo largo de ocho días, sus 30 tripulantes estuvieron retenidos en alta mar hasta ser liberados por fuerzas militares francesas y canadienses que abordaron el barco con helicópteros y posteriormente tuvieron el apoyo de buques de guerra.

A pesar de la muestra de fuerza francocanadiense, este secuestro inició una espiral de acciones de piratería similares como la del pesquero vasco Alakrana que terminó propiciando la creación de una operación denominada Atalanta, responsabilidad de la Fuerza Naval de la Unión Europea (Eunavfor) para luchar contra los secuestros en aguas cercanas a la costa de Somalia, aunque como recuerda Juan Rodero, las acciones de piratería nunca volvieron a realizarse sobre barcos de pabellón francés.

La de 2008 es una historia tan interesante como ya lejana para esta naviera de origen francés que originalmente fue creada como filial de una de las más importantes navieras de portacontendores del mundo: CMA-CGM, aunque ahora está en manos de François-Henri Pinault, presidente del grupo de lujo Kering y de Artemis, un holding que coordina todas las acciones empresariales de esta adinerada familia, con un apellido que alcanzó fama más allá de las finanzas cuando François-Henri se casó con la actiz Mexicana Salma Hayek en Venecia hace 11 años.

Ponant Cruises ya ha vuelto al mar este mismo mes de julio con parte de su flota operativa. A medida que pasen las semanas seguirá incorporando barcos al servicio comercial respetando un estricto protocolo sanitario. La compañía pasó de tener solo un barco a 13 en la actualidad, aunque el único velero de la flota sigue siendo el primero, que sigue representando la exclusividad de la naviera: 32 tripulantes para 32 viajeros.

Fuente: La Vanguardia

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