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AVENTURA A 3,7 KM/H CON 82 AÑOS: SVEN YRVIND NAVEGA 3.500 MILLAS EN UN ‘MICROBARCO’ CONSTRUIDO POR ÉL MISMO

Sven Yrvind

Si alguien ha visto estos días a Sven Yrvind por el puerto de isla de Faila, en las Azores, avanzando muy lentamente con la ayuda de un bastón, le costará mucho creer que el cuerpo machacado de ese hombre de 82 años acaba de completar una travesía en solitario de 3.571 millas (5.747 km) y 78 días de duración a bordo de una pequeña embarcación construida con sus propias manos en el garaje de su casa. De hecho, su estado actual es el resultado de las muchas tormentas a las que el navegante sueco ha tenido que enfrentarse desde que soltó amarras en Ålesund (Noruega) el pasado 30 de junio. La última aventura de Yrvind se ha desarrollado a cámara lenta, como su andar en el archipiélago portugués, a una velocidad media de 2 nudos, lo que equivale a ¡3,7 kilómetros por hora!

“He estado mintiendo durante casi toda la navegación”, confiesa Sven a la publicación DVV sobre las comunicaciones que mantenía con su equipo de tierra durante el viaje y en las que optó por no desvelar su estado físico real. “Ahora tengo que intentar empezar a moverme, pero no es tan fácil”. El navegante explica que sus músculos se han “marchitado” debido a que apenas se ha movido durante los dos meses y medio de travesía.

En cuanto finalice la cuarentena en Faila que debe cumplir como manda el protocolo sanitario en las Azores, el navegante octogenario cogerá un avión para volver a su casa en Västervik, habiendo cumplido el sueño de navegar en el Mar de los Sargazos. Eso sí, en el tintero del marinero queda una aventura pendiente: alcanzar las antípodas con su microbarco. Yrvind zarpó de la costa noruega a principios de verano con la intención de llegar a Nueva Zelanda, pero pronto comprobó que la embarcación no estaba preparada para resistir las condiciones de viento y ola con las que iba a toparse en el océano Índico, por lo que decidió fijar las Azores como destino final del periplo.

El ‘Exlex Minor’ que el sueco ha diseñado, construido y navegado es una “bicicleta de montaña de los océanos”, como él mismo define a su embarcación, de 5,8 metros de eslora por 1,23 de manga y un calado de 0,2 metros. No habrá mucho regatista fornido dispuesto a surcar el Atlántico Norte con semejante artefacto. Pero Yrvind lleva décadas confiando en sus creaciones.

El abogado y escritor especializado en temas de la mar Pipe Sarmiento ya nos descubrió hace años en NAUTA360 la historia de este peculiar marino. Recuperamos parte del artículo:

Sven Yrvind nació en Gotemburgo1939. Hijo de un oficial de la marina mercante, en 1960 estrenó su primera vivienda, un viejo pesquero de 10 metros atracado en un puerto del Báltico. Por aquel entonces trabajaba de mecánico naval. Y no tardó en gastarse todos sus ahorros para comprar su primer velero. Dos años después, apenas cumplidos los 22, se construyó un barquito de 4,75 metros con el que navegaría durante siete años por las costas de Suecia, Noruega y Dinamarca.

En 1968, compró un barco de 12 metros a bordo del cual navegó hasta Río de Janeiro. Sin embargo, nada más llegar dijo: “Un barco grande tiene problemas grandes, por eso nunca volveré a navegar en uno; regresaré a los chicos; estos sólo dan problemas pequeños”. Y eso hizo. Construyó una embarcación de cuatro metros para volver a cruzar el Atlántico. Una proeza, pues apenas cabía tumbado y el agua, la comida y la ropa la tuvo que racionar hasta extremos delirantes.

En 1970, a los 31 años, construyó otro diminuto velero en la bodega de la casa de su madre al que llamó Bris I con el que alcanzó la diminuta isla de Santa Elena en el hemisferio Sur. Otra memorable hazaña sobre 6 metros de madera contrachapeada.

Para ampliar sus conocimientos de construcción naval, trabajó en Inglaterra con Dick Newick en el catamarán con el que Mike Birch ganaría la Ruta del Ron de 1978. También lo hizo con el diseñador norteamericano Walter Green, otra leyenda del diseño de trimaranes en los setenta y ochenta. De ambos adquiriría conceptos muy claros sobre los materiales y su resistencia, que más tarde aplicaría sobre cada uno de los diminutos veleros que armó.

En 1989, regresó al Atlántico navegando desde Suecia a Nueva York vía Irlanda y Terranova. Ese año se retiraría de los mares tras contraer matrimonio con una pintora sueca, para dedicar sus extraordinarios conocimientos sobre maderas y los salarios que iba obteniendo a construir su casa.

Durante 15 años el nórdico no dio señales de vida en su ámbito marino. Hasta que en 2005 se supo que estaba construyendo un nuevo velero de 27 pies con el que, meses después, navegaría de Suecia a Florida junto a un amigo.

Ya en 2008, empezó a fabricar el Yrvind.com, un velerito de 4,60 metros y 1,30 de manga, al que por primera vez en esa eslora colocó un palo de mesana en el que sujetó el piloto de viento y un remo a modo de timón: un engendro maravilloso que le llevó por esos mares.

Tras probarlo por el Báltico, en 2011 empleó 45 días en navegar la distancia que separa las islas portuguesas de Madeira y Martinica. Una travesía lógicamente en solitario -solo cabe uno a bordo-, que concluyó felizmente, y que le dio nuevos ánimos para emprender lo que él llama el viaje definitivo: una vuelta al mundo sobre tres metros de velero.”

La salida de ese viaje definitivo se retrasó hasta 2018, con el sueco luciendo 78 primaveras, y no se hizo sobre tres metros de velero, sino sobre 5,76 metros, la eslora del ‘Exlex’ (“Outlaw”). En mayo de ese año, soltó amarras en Irlanda con la intención de llegar a Nueva Zelanda casi un año más tarde. Sin embargo, la aventura apenas alcanzó los dos meses de duración, lo que tardó Sven en asumir que su barco no estaba preparado para llegar a hasta las antípodas.

Pero Sven Yrvind nunca se dio por vencido. Nada más llegar a Suecia tras su frustrada travesía a Nueva Zelanda, comenzó a construir ‘Exlex Minor’, el último de sus microbarcos. Seguía soñando en Oceanía, pero esta vez se ha despertado en las Azores. Ahora bien, nada de hablar de fracaso o decepción. Lo suyo es el éxito constante de un amor irreductible por el mar y la vela en el que poco importan las esloras, las distancias o la edad.

Fuente: Nauta 360

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