VELERO

Los traficantes los roban y los usan para traficar refugiados a US$ 10 mil por persona. Los yates luego quedan abandonados.

Cuando el Talibán tomó Kabul en agosto, Zakia estaba embarazada de seis meses y en su primer año de universidad, mientras que su marido, Hamid, trabajaba como auditor. Decidieron huir, y junto con cinco familiares comenzaron una odisea de dos meses que los llevó por Irán y Turquía.

Cuando llegó la hora de cruzar el Mediterráneo, lo hicieron en un lujoso velero que llegó este mes a una playa en la región de Calabria, en el sur de Italia.

Estaban deshidratados, pero aliviados de haber sobrevivido a una ruta migratoria a Europa menos conocida, pero cada vez más utilizada por afganos, iraquíes, iraníes y kurdos acomodados.

Familias enteras pagan muy caros los pasajes desde Turquía en veleros nuevos o casi nuevos que pueden evitar con más facilidad ser detectados por las autoridades. Los investigadores dicen que los barcos van capitaneados por contrabandistas, a menudo ucranianos, que podrían operar coordinados con mafiosos turcos y los clanes italianos de la ‘ndrangheta

en tierra.

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