Puig Vela Clásica Barcelona 2026 - Foto Nico Martinez

La XIX edición de la Puig Vela Clàssica ya se vive en Barcelona con la participación de más de 45 embarcaciones históricas y alrededor de 400 regatistas provenientes de distintos países

Sin embargo, la esperada jornada inaugural no pudo disputarse debido a la ausencia de viento, una situación provocada por las altas temperaturas que afectaron al litoral catalán.

A la hora prevista para la largada, el Comité de Regatas del Real Club Náutico de Barcelona (RCNB) decidió izar la bandera de aplazamiento ante la escasa intensidad del viento, que apenas alcanzaba los dos nudos. Durante varias horas la organización esperó una mejora en las condiciones meteorológicas y, aunque por momentos ingresó una suave brisa del sudoeste que llegó a los cinco nudos, no fue suficiente para garantizar una competencia segura y equitativa. Finalmente, poco antes de las cuatro de la tarde, se resolvió cancelar la actividad y enviar la flota de regreso al puerto.

Pese a este contratiempo, el entusiasmo entre las tripulaciones permanece intacto y las expectativas están puestas en las próximas jornadas, cuando se espera una leve baja de la temperatura que favorecería la presencia de vientos más estables para disputar las regatas de las diferentes categorías.

Más allá de la competencia deportiva, la edición 2026 tiene un significado muy especial por el centenario de dos auténticas leyendas de la vela clásica.

Una de ellas es el Hallowe’en, diseñado por William Fife y botado en 1926. Este emblemático velero ganó la prestigiosa Fastnet Race en su año de estreno, estableciendo un récord que permaneció vigente durante más de una década. A lo largo de su historia también fue timoneado por el príncipe Olaf, quien posteriormente se convertiría en rey de Noruega. En la Puig Vela Clàssica ha cosechado numerosos éxitos, incluyendo las victorias de 2018 y 2022, por lo que eligió esta regata para celebrar sus cien años de navegación.

El otro gran protagonista es el Bon Temps, un ketch de madera construido en Mallorca en 1926 por el maestro Pere Nicolau Mandilego. La embarcación regresó a manos de la familia que la encargó originalmente después de permanecer varias décadas alejada de sus propietarios, convirtiéndose en una de las historias más emotivas de la vela clásica europea. Restaurado con gran dedicación, el Bon Temps afronta esta edición con el objetivo de celebrar su centenario buscando un triunfo en su categoría.

Fuente: Prensa Puig Vela Clásica 

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