EL REMOLCADOR IRIGOYEN SE HUNDE EN SAN PEDRO, MIENTRAS LOS VECINOS Y LA ARMADA INTENTAN EVITARLO

Remolcador Irigoyen Armada Argentina

La veterana nave ya no forma parte de la flota militar. Fue dada de baja y cedida por decreto presidencial a ese municipio, donde funciona como museo naval desde 2010.

 

La comunidad de San Pedro se vio sacudida durante la jornada del pasado jueves cuando uno de sus tesoros más preciados dio claras señales de estar en peligro. “El Comandante General Irigoyen se está escorando, no sabemos por dónde pero está ingresando agua y no podemos contenerla”. Ese fue el inquietante mensaje y pedido de auxilio que los encargados de mantener la nave hicieron llegar a las autoridades municipales.

A poco de iniciadas las tareas para intentar frenar la cada vez mayor entrada de agua a la sala de máquinas del buque, las autoridades comunales se comunicaron con el Comando del Área Naval Fluvial de la Armada y a partir de allí la novedad llegó al jefe de la fuerza naval, contraalmirante Julio Guardia, quien dispuso el inmediato empeñamiento de una dotación de marinos que, al mando del capitán de fragata Ariel Fernando Gómez Mombello, se hicieron presentes en el lugar con una sola misión: salvar al Irigoyen.

Remolcador Irigoyen Armada Argentina

En diálogo con Infobae, Mombello, quien en la actualidad se desempeña como comandante de la Escuadrilla de Ríos, destacó la importancia que para la Armada siempre va a tener esta nave ya que es una de las que participó en la guerra de Malvinas integrando la Fuerza de Tareas 50 y realizando las más variadas actividades acordes a sus características operativas.

Infobae pudo saber además que desde diversos sectores de la comunidad local se está brindando apoyo a la tarea que realiza el personal naval. Varias carpinterías de la zona se encuentran abocadas a la realización de cuñas y conos tradicionalmente usados a bordo para obturar el ingreso de agua. Una vez neutralizadas todas las fisuras, se realizan las llamadas “cajonadas”: cubos de madera alrededor del sector afectado dentro de los cuales se vierte cemento fulminante lo que permite estancar el sector.

Vale destacar que por el momento y en virtud de las actuales condiciones hidrometeorológicas, el casco del Irigoyen está apoyando en el lecho del río. Esto variará conforme lo hagan las condiciones de la marea y el mayor desafío de los rescatistas es el de evitar que la embarcación corte todas sus amarras y pase a constituir un peligro cierto para la navegación, con el agravante de que, dada la velocidad de la corriente, pueda ser arrastrado sin control aguas abajo. Para evitar este riesgo se está trabajando en forma continuada a través de tres turnos de labor.

Un vecino de San Pedro, el periodista Juan Agustín Robledo, describió a Infobae el sobresalto vivido por los vecinos, al escuchar un fuerte estruendo similar al de una explosión. Luego supieron que el origen era el impacto de los cabos de acero que mantienen la nave amarrada al muelle, los que se cortaron producto de la fuerte escora o inclinación de la nave.

La historia del Irigoyen, el “buque fantasma”

El 10 de marzo de 1945, el astillero Charleston Shipbuilding & Drydocks Company entregó formalmente a la Armada de los Estados Unidos de Norteamérica la nave bautizada como USS Cahuilla bajo la matrícula naval ATF-152. El Cahuilla nació como remolcador con un desplazamiento de 1675 toneladas a plena carga. Una eslora (largo) de 62,5 metros, una manga (ancho) de 11,6 metros y un calado (parte sumergida del casco) de 4,7 metros. Desde su entrada en servicio y hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial sirvió como nave de apoyo y rescate en aguas del Océano Pacífico. Apenas dos años después (1947) fue radiado del servicio activo y transferido a la República Argentina en 1961.

Afirmado en su popa el pabellón nacional y bajo el nombre de “Comandante Irigoyen” en honor al marino Matías de Irigoyen, revolucionario de Mayo, y secretario de Guerra de las Provincias Unidas del Río de La Plata entre 1815 y 1819, el buque siguió cumpliendo su rol de embarcación auxiliar, apoyo para maniobra de grandes unidades y transporte de pertrechos y personal entre distintas unidades navales, hasta que en 1982 es empeñado en el conflicto bélico por la soberanía de las islas Malvinas. Por razones nunca del todo aclaradas, a pesar de haber cumplido misiones tácticas y logísticas en un pie de igualdad con otras naves de su mismo tipo como ser el ARA Sobral o el ARA Somellera, nunca le fue reconocida la distinción oficial de “operaciones en combate” por lo cual, ironizando acerca de que al parecer nadie en el alto mando naval lo había visto operar, se lo denominó informalmente “El Barco fantasma”.

“Argentina cuenta solamente con tres buques museo -explicó a Infobae Enrique Vázquez, reconocido historiador naval-. El más emblemático es el ex buque escuela Fragata ARA Presidente Sarmiento que comparte junto a su hermana menor la Corbeta Uruguay amarre definitivo en los diques de Puerto Madero. El tercero es precisamente el Irigoyen pero, a diferencia de los anteriores, ya no pertenece a la Armada sino que está a cargo del municipio de San Pedro. Existen varios proyectos para hacer entrega de otros buques pero habrá que ver cómo evoluciona esta situación para luego decidir si se puede ceder naves con las debidas garantías de seguridad para instalaciones portuarias, canales de navegación y fundamentalmente para los ocasionales visitantes”.

“En sus 73 años de vida, el Irigoyen sirvió en dos guerras y contribuyó al salvamento de muchas personas. Hoy en su retiro pide ayuda; es hora de salvarlo a él”, dijo uno de los hombres que integra el grupo naval de rescate.

Fuente: Infobae

Artículo anteriorCREAN UN BARCO CON FORMA DE CIERRE QUE “ABRE” EL AGUA
Artículo siguienteSE PUSO EN MARCHA AYER LA VENDÉE GLOBE 2020, LA REGATA EN SOLITARIO ALREDEDOR DEL MUNDO