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COLONIA, SIEMPRE COLONIA

Colonia del Sacramento - Uruguay

Colonia del Sacramento - Uruguay

Un destino cercano y encantador, legado de la conquista portuguesa que dejó una ciudad donde las casas coloniales,  iglesias, ruinas, conventos y murallas de piedra proponen una paseo por otras épocas sobre la rivera del río.

 Hoy le proponemos un viaje a este enclave oriental, tan cerca de Buenos Aires, que en algunos días despejados pueden verse las costas desde las distintas orillas. Pero la propuesta es salirnos del circuito que marcan la mayoría de los guías y centrarnos en una paseo por una zona tradicional, pero alejada del casco histórico: “Real de San Carlos”.

El paseo comienza recorriendo las playas al oeste de la ciudad. Se trata de extensas y mansas costas de arena blanca bañadas por el Río de La Plata. Hoy es una zona residencial, de lujosos edificios particulares y también hoteles de categoría, algunos pertenecientes a cadenas internacionales. Esta rambla, es utilizada por los locales para los tradicionales mates por la tarde, actividades deportivas y en verano lógicamente para disfrutar el sol en las arenas del “Mar de Solís”, como algunos siguen llamando al río más ancho del mundo.

La mayor atracción es la vieja “Plaza de Toros”, inactiva desde hace décadas, pero que guarda en su edificación los rasgos de una época de brillo en esta zona. Es que Real de San Carlos, fue el epicentro de un enorme emprendimiento turístico que comenzó en 1908.  Muchas veces habíamos recorrido esta zona, pero nunca nos habíamos preguntado el porque se erigía allí este coloso. Y es que en la última visita a Colonia, remando ésta larga costa nos encontramos con los restos de un enorme y largo muelle que se mete 300 metros en el río. El Capitán Carlos Azcue, con quien realizábamos la travesía en Kayak, me contó que esos pilotes y maderas que emergen del agua y se resisten estoicos al inexorable paso del tiempo, pertenecían al “muelle de la flota Mihanovich”.  Debo confesar que ese apellido me sonó familiar y rápidamente lo asocie a barcos de pasajeros, pero no mucho mas de eso. Primero fue “googlear” ese nombre y luego, la manera más efectiva y didáctica, acudir a los libros.

En el archivo del capitán Azcue encontramos un interesante resumen que hace Richard Durant en su libro “Historias del Vapor de la Carreta”, donde menciona: “ A principios del SXX, Mihanovich era ya un exitoso empresario naviero. En 1908 envío a su hijo Nicolás a Colonia para construir la sociedad que explotaría la zona del Real de San Carlos. La sociedad construyó un gran complejo turístico que comprendía: una majestuosa plaza de toros, un frontón de pelota vasca, , un muelle de más de 300 metros donde podían atracar hasta tres barcos simultáneamente, una línea de rieles con vagones para transportar a los viajeros desde el muelle hasta la plaza de toros, y el gran-hotel casino. El pedido de concesión se le otorgó en junio de 1908; a cambio Mihanovich debía construir una usina eléctrica para abastecer de energía toda la ciudad.

Para trasladar a los turistas desde Buenos Aires, la sociedad adquirió en Estados Unidos  el vapor a ruedas “Jamestown”, al que rebautizó Colonia, con capacidad para 1200 pasajeros. En muchas ocasiones el Colonia debió aligerar su lastre para poder navegar sobre los bancos y realizar la travesía en dos horas.

La plaza de toros se construyó en un estilo morisco-español y tenía capacidad para 8000 espectadores. Contaba con restaurante, sala de juegos y una Capilla con la Virgen del Carmen.

El 9 de enero de 1910 se realizó la primera corrida. Los toreros eran los españoles Ricardo Torres, apodado “bombita” y su hermano Miguel. “Bombita” chico, acompañados por el rajoneador Mogador de Cobos. También los toros fueron traídos de España.

Las corridas fueron todo un éxito. El publico Argentino estaba deslumbrado y llegaba a Colonia en numerosos grupos donde también disfrutaban del frontón de pelota vasca más grande de Sudamérica: media 74 metros de largo por 21 de ancho.

Los vapores no daban abasto en sus viajes de pasajeros, pero solo cuando se habían realizado ocho corridas, el 27 de marzo de 1910, el gobierno de Batlle y Ordoñez decretó la prohibición del sangriento espectáculo.

La ruleta del hotel-casino del Real San Carlos pasó a ocupar entonces la atención de los turistas. Su concesionaria, la South-American Tours, compró y fletó los vapores “Fortuna” y “Flecha”, a doble hélice y capaces de navegar a una velocidad de 22 nudos, con la intención de abreviar la travesía. Pero el calado de estas naves resultó excesivo y debieron reemplazarse con los vapores “Helios” y “Formosa”. El “Colonia”, de costoso mantenimiento, fue retirado de la línea.

A pesar del paso del tiempo, la plaza de toros conserva aún hoy su hidalguía.  Fue realizada con hormigón y una costosísima estructura de hierro importado de Inglaterra. Viejos habitantes de la zona aseguran que en el ruedo del Real de San Carlos cantó Carlos Gardel”.

Si bien la plaza de toros, como el frontón de pelota vasca permanecen cerrados al publico, vale la pena realizar este recorrido nostálgico. Desde el casco histórico de Colonia se pueden alquilar carritos tipo golf, motos o bicicletas (desde U$S 10 dólares) y hacer el paseo.  La playa donde yace el muelle, es de libre acceso y frente a su bajada está la vieja edificación de la usina. Mas adelante, se puede observar parte del hotel-casino que funcionó hasta 1917 (hoy en el edificio funciona el Centro Politécnico del Cono Sur).

El resto del viaje es disfrutar de lo es mas popular o mas conocido. La ciudadela amurallada, la calle de los suspiros, el faro, la plaza de armas o el puerto deportivo. Caminar por los empedrados, contemplar el atardecer, comer un chivito con cerveza y escuchar algo del candombe uruguayo en alguna mesita bajo un farol en sus calles.

Todo, dentro de este destino entrañable y cautivante que invita a visitarlo permanentemente. Por eso es inevitable recurrir al… Colonia, siempre Colonia.

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