La espaciosa bañera abierta sirve como salón cuando el Swan 98 está fondeando, pudiéndose añadir un bimini para protegerse del sol.

Para los que no pueden resistirse a las listas, he aquí una clasificación de las cinco cosas que no debes hacer en absoluto en unas vacaciones en barco para tener paz a bordo.

1 – Contradecir al comandante: es el pecado más grave, y en el pasado se castigaba con quillas, azotes y otros castigos corporales. Hoy en día, ya no te arriesgas a ser golpeado si desobedeces al comandante, pero sigues corriendo graves riesgos. La primera es que el comandante se enfadará, y nadie quiere un comandante enfadado.

La segunda, mucho más grave, es comprometer la seguridad de todos. En un barco no hay democracia, por la sencilla razón de que la responsabilidad de lo que ocurra recae en una persona, el capitán, y es justo que él decida. Si algo no le gusta, espere a la hora del cóctel o a un momento de tranquilidad para preguntar el porqué de ciertas decisiones. Pero en el momento, ¡hazlo!

2 – Pregunte “a qué hora llegamos”: recuerde que no estamos en vías de alta velocidad. Los más amables responderán “depende del viento”, pero esta pregunta casi nunca se responde. Si no puedes resistirte, recurre a “¿cuántos kilómetros faltan para llegar?”, divídelo por la velocidad y descúbrelo por ti mismo.

3 – Actuar como corredores caprichosos: estás de vacaciones, lo más probable es que haya gente contigo que nunca ha estado en un barco o que simplemente ha venido a relajarse, definitivamente no es el caso de hacer el Paul Cayard de la situación. Intenta evitar pasarte el día diciendo “deja un centímetro”, “joder dos milímetros” o, peor aún, pedir que te den una vuelta si por casualidad hay 25 nudos de viento fuera.

4 – Abusar del “ya estás ahí….”: este es el más difícil, lo sé. Para los que no lo sepan, el “ya estás ahí” es una de las frases favoritas de cualquiera que vaya en barco, pronunciada en cuanto alguien a bordo se levanta y baja a cubierta, y seguida de las más dispares peticiones. “Ya que estás ahí… ¿me traes una cerveza? ¿Me pasas mi toalla? ¿Me das mi teléfono?” E incluso acciones que implican una búsqueda de tesoros preventiva como:
“Mientras estás ahí, ¿puedes coger mis artículos de aseo? Cuando abres el espejo hay 35 bolsas del mismo color, necesito la del champú pero cuidado, es la misma que la del acondicionador, sólo que es un poco más pequeña”. No estoy inventando nada, lo prometo.

5 – Peinarse, fumar o hacer cualquier otra cosa a favor del viento: no hace falta decir que no es agradable que tu pelo, humo, migas u otras cosas acaben sobre los que están a favor del viento en ese momento. Compartir espacios pequeños puede hacer que todo sea más molesto y se convierta rápidamente en una queja. El consejo, muy sencillo, es: espera a estar fondeado y haz todas las cosas que te molestarían en la popa.

Fuente: Todos los Barcos

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