Con sus largas embarcaciones de madera, remeros vestidos con indumentaria de época y un fuerte espíritu de camaradería, el remo vikingo volvió a captar la atención del público internacional. Mucho más que una competencia, representa una tradición centenaria que mantiene vivo el legado marítimo de Noruega y de los antiguos pueblos escandinavos
Las imágenes de decenas de embarcaciones vikingas surcando el agua despertaron la curiosidad de miles de espectadores durante las recientes celebraciones desarrolladas en Noruega. Con sus característicos cascos alargados, los remos moviéndose al unísono y tripulaciones ataviadas con vestimentas inspiradas en la Era Vikinga, estas exhibiciones se convirtieron en uno de los grandes atractivos del evento.
Sin embargo, detrás del espectáculo existe una tradición profundamente arraigada en la cultura escandinava.
El llamado remo vikingo tiene sus orígenes en los legendarios drakkars, las embarcaciones utilizadas por los pueblos nórdicos entre los siglos VIII y XI durante la denominada Era Vikinga. Estos barcos, construidos principalmente en roble mediante la técnica de tablones superpuestos (clinker), eran reconocidos por su extraordinaria velocidad, estabilidad y capacidad para navegar tanto en mar abierto como por ríos de escaso calado.
Gracias a estas embarcaciones, los vikingos exploraron gran parte del Atlántico Norte, llegaron a Islandia, Groenlandia e incluso alcanzaron las costas de América del Norte varios siglos antes de los grandes viajes de exploración europeos.







