Cristian Ramaro, presidente de Interisleña. Falleció el 24 de febrero de 2026

Falleció el martes 24 de febrero a causa de un infarto, tenía 45 años y estaba al mando de la empresa Interisleña

La muerte de Cristian Ramaro, ocurrida la semana pasada a los 45 años, dejó una huella profunda en el corazón del Delta del Paraná. No se trató solo de la pérdida de un empresario joven, sino de la despedida de una figura íntimamente ligada a la vida cotidiana de miles de familias isleñas que, día tras día, dependen del río como único camino posible.

Cristian Ramaro fue presidente de Interisleña S.A., una de las empresas más emblemáticas del transporte fluvial del Delta. Bajo su conducción, la compañía sostuvo un servicio esencial: las lanchas colectivas que conectan a los habitantes de las islas con Tigre y el continente, garantizando el acceso a la educación, la salud, el trabajo y el abastecimiento. En un territorio donde no existen caminos terrestres, esa conexión diaria es mucho más que transporte: es inclusión, presencia del Estado y continuidad de la vida comunitaria.

La historia de Interisleña está profundamente entrelazada con la de la familia Ramaro. Mucho antes de que Cristian asumiera la conducción, su padre, Víctor Ramaro, ya había dejado una marca indeleble en el río, construyendo una empresa que entendió desde sus orígenes que el servicio fluvial no es solo una actividad comercial, sino una responsabilidad social. Tras la muerte de su padre, Cristian tomó la posta con convicción, manteniendo ese espíritu y enfrentando un escenario cada vez más complejo, atravesado por crisis económicas, aumentos de costos y exigencias operativas propias de un entorno tan desafiante como el Delta.

La Estación Fluvial de Tigre vuelve a operar este viernes.

A lo largo de los años, Interisleña se consolidó como una columna vertebral de la vida isleña. Sus lanchas transportaron generaciones de alumnos, docentes, enfermeros, comerciantes y familias enteras, acompañando rutinas, urgencias y celebraciones. En silencio y con regularidad, el servicio sostuvo esa conexión vital entre las islas y el continente, aun en los momentos más difíciles.

La vida de Cristian Ramaro también estuvo marcada por episodios que conmovieron a la comunidad, como el secuestro que sufrió en 2004, cuando apenas tenía 23 años. Aquel hecho dejó una cicatriz profunda, pero no quebró su vínculo con el río ni su compromiso con la empresa familiar y con quienes dependían de ella.

Hoy, el Delta despide a uno de sus protagonistas. El legado de la familia Ramaro perdura en cada muelle, en cada lancha colectiva y en cada cruce diario que sigue uniendo a las islas con el continente. Más allá de los nombres, queda una historia de servicio, arraigo y responsabilidad que forma parte inseparable de la identidad del Delta del Paraná.

La historia de los siete días en cautiverio

En junio de 2004, cuando tenía 23 años, Cristian Ramaro, hijo del empresario fluvial Víctor Ramaro y estudiante de Derecho, fue víctima de un secuestro que conmocionó a la comunidad de Tigre y de todo el país. El hecho ocurrió el 8 de junio por la mañana, alrededor de las 7:15, cuando Cristian salía de su casa con destino al trabajo; un grupo de delincuentes armados lo interceptó, lo obligó a subir a un automóvil y se lo llevó con intimidación de armas.

Los captores exigieron inicialmente un rescate de 400.000 dólares, una cifra que superaba con creces las posibilidades de la familia, aunque luego se concretó un primer pago de 270.000 pesos (equivalentes a unos 90.000 dólares). A pesar de ello, Cristian no fue liberado de inmediato, lo que generó incertidumbre y angustia tanto en sus seres queridos como en los vecinos.

Durante los días siguientes, familiares, amigos y conocidos se movilizaron en vigilia frente a la casa de los Ramaro en Tigre. Vecinos con velas, pancartas y rezos reclamaban por su liberación y pedían piedad a los secuestradores. La madre de Cristian, Hilda, hizo un pedido público implorando que no lastimasen a su hijo y que liberaran al joven sano y salvo.

Las autoridades realizaron allanamientos en viviendas precarias de la zona norte del conurbano, aunque sin resultados contundentes al principio. La fiscal federal de San Isidro y diversas fuerzas policiales intervinieron en la investigación, mientras la familia cumplía con las exigencias de los captores para asegurar la vida de Cristian.

Tras siete días de cautiverio y luego de un segundo pago de rescate, Cristian fue finalmente liberado la noche del 15 de junio en la zona de Del Viso. A su llegada a casa, expresó alivio y agradecimiento hacia quienes rezaron por él, asegurando que había sido “tratado bien” durante su detención y que se encontraba en buen estado de salud. La liberación fue saludada con emoción por familiares y decenas de vecinos que lo esperaban.

Este episodio marcó un momento dramático y recordado en la historia de la familia Ramaro, que ya tenía un fuerte arraigo en el transporte fluvial del Delta y en el que la solidaridad de la comunidad y el apoyo social quedaron patentes durante toda la difícil semana de secuestro.

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