Yate Christina

Surcar los mares en mansiones flotantes es el sueño por excelencia de los que se consideran ricos. O muy ricos

En la actualidad hay dos yates de leyenda que se pueden alquilar semanalmente entre 100.000 y 700.000 euros, pura calderilla si tenemos en cuenta que por sus cubiertas se ha paseado gran parte de la historia del siglo XX. Entre 1942-1943 se construyó una fragata antisubmarina de 99 metros de eslora y 10,9 metros de manga que fue una de las piezas clave para el desembarco de Normandía, el famoso día D, que supuso el inicio del fin de la II Guerra Mundial.

Al acabar la contienda, un chatarrero americano compró la nave que, en 1954, pasó a manos del mega millonario Aristóteles Onassis por 34.000 dólares. Tras invertir otros cuatro millones de dólares lo que era una pieza de desguace se convirtió en uno de los yates más lujosos del mundo. Al armador griego le encantaba mostrar su poder con los juguetitos que se compraba, entre ellos, la isla de Skorpios y, de esta manera, hacer rabiar a uno de sus máximos competidores, Niarchos, que contraatacaba con otros aún más grandes.

El gran salón comedor del Yate Christina

Lo bautizó como Christina, en honor de su hija pequeña. Grace Kelly y Rainero III de Mónaco celebraron ahí una recepción por su boda en 1956, como también se realizó el banquete del enlace en 1968 de Aristóteles con Jackie Kennedy, la viuda de América, que tras el asesinato de JFK siempre deseó unirse a un cheque en blanco al portador. Si se era alguien en el circuito de la jet set internacional tenía que navegar en el Christina. A Greta Garbo le encantaba hacer piruetas en cubierta mientras observaba a los jóvenes macizos que se acercaban en sus barquitas; llegó a fondear en el puerto de Santa Cruz de la Palma mientras Winston Churchill saboreaba uno de sus puros en la popa en compañía de su esposa, Lady Clementine, y de la bailarina Margot Fontein; en una de las reuniones gran parte de los invitados acabaron desnudos y unos se liaron con otros, como Onassis con María Callas, mientras su marido, Giovanni Meneghini, estaba mareado en su camarote. Su romance fue uno de los más sonados del siglo XX que acabó en tragedia cuando el armador griego abandonó a la soprano por Jackie.

En el gran salón destacaba un cuadro de Renoir que reposaba encima de la chimenea de lapislázuli y las damas que se sentaban en los taburetes del Ari’s bar reían las palabras de Onassis: “Señoras, están ustedes sentadas sobre los penes más grande del planeta”. No decía ninguna tontería. Los asientos de cuero estaban hecho con prepucio de ballena.

Cuando el armador falleció en 1975, el yate lo heredó su hija Christina quien, tras su muerte en 1988, pasó a manos de su hija Athina, que decidió donarlo al gobierno griego que al no poder hacer frente a su costoso mantenimiento acabó siendo un gigantesco montón de chatarra. El millonario John Paul Papanicolau le devolvió su esplendor, hasta que se deshizo de él. En la actualidad, el matrimonio irlandés Ivor y Susan Fitzpatrick son los propietarios. Al año se gastan cinco millones de dólares en el mantenimiento que recuperan fácilmente con los alquileres semanales veraniegos y las reservas para bodas y otros acontecimientos.

La espectacular piscina en la popa del Christina

El chárter cuesta 700.000 euros semanales. Tras su última reforma en 2022, el yate cuenta con una tripulación de 34 personas a cargo de los 17 camarotes con capacidad para 34 invitados; la piscina sigue siendo la original decorada con teselas para formar un mosaico que imita el palacio Knossos de Creta y cuyo fondo se eleva para formar una pista de baile; tiene un helipuerto, salas de masajes, una biblioteca, cine…

Yate Kalizma

EL KALIZMA

El yate más antiguo del mundo es el Kalizma. Se construyó en 1906, tiene 45,8 metros de eslora por 6,3 metros de manga, cinco cabinas con capacidad para 10 invitados y una tripulación de 10 profesionales. Su época más famosa empezó cuando en 1967, Richard Burton se lo regaló a su esposa, Elizabeth Taylor, tras ganar el Oscar a la mejor actriz por ¿Quién teme a Virginia Wolf? Lo compró por 192.000 dólares y se gastó el triple para reformarlo. En sus paredes colgaban cuadros de Picasso, Monet y Van Gogh.

Uno de los caprichos más extravagantes de la famosa pareja cinematográfica consistía en atracar en el Támesis en Londres donde alojaban a sus mascotas para pasar la cuarentena mientras ellos estaban en una de las suites del hotel Dorchester. Hubo dos momentos que han pasado a la posteridad. En uno de los salones del yate, en 1968 Burton obsequió a la actriz de los ojos violeta con el diamante Krupp de 33,18 quilates, que había pertenecido a Vera, esposa del proveedor de armas nazi Alfried Krupp. A Elizabeth le gustaba jactarse: “¡Qué pensaría ella si viera la joya en los dedos de una deliciosa chica judía como yo”. Se había convertido

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Yate Kalizma

El otro gran hito ocurrió en 1969. Richard ganó en una subasta a Onassis cuando ambos pujaban por una de las gemas más grandes del mundo. Se trataba del diamante Cartier de 69.42 quilates, comprado por 1,1 millones de dólares. La actriz lo utilizaba como anillo o colgado de un collar, como se puede ver en algunas imágenes en las que aparece junto a la princesa Grace Kelly. Finalmente lo vendió para sufragar la campaña electoral de su sexto marido, el congresista John Warner.

El original nombre de Kalizma proviene de la primera sílaba de los nombres de las hijas del célebre matrimonio, Kate, Liza y Maria. El actual propietario es el empresario hindú Shirish Sarai (55), que alquila la embarcación a partir de 100.000 euros semanales.

Fuente: El Mundo

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