Cansado de convivir durante años con una embarcación encallada frente a su casa, un vecino de 75 años logró acordar con el propietario su retiro y organizó una particular operación para recuperar el barco del agua
Durante años, una embarcación varada en el fiordo de Faaborg, en Dinamarca, se convirtió en parte del paisaje cotidiano para los vecinos de la zona. Sin embargo, para Jan Lindegaard, que vivía frente al lugar, la presencia del barco terminó transformándose en un problema que necesitaba una solución.
El protagonista de esta particular historia tiene 75 años y decidió tomar la iniciativa para retirar la embarcación, una Junker 22 de aproximadamente 1.400 kilos que permanecía encallada a unos 150 metros de la costa.
Con la marea alta, buena parte del casco quedaba prácticamente cubierta por el agua, aunque continuaba siendo perfectamente visible desde la vivienda de Lindegaard. Con el paso del tiempo, y ante la falta de una solución por parte del propietario, el vecino decidió intervenir.
DE UNA MOLESTIA A UNA OPERACIÓN VECINAL
Lindegaard consiguió llegar a un acuerdo con el dueño de la embarcación para hacerse cargo del casco y comenzó entonces a buscar la manera de retirarlo del fiordo.
La tarea, sin embargo, no era sencilla. El peso de la Junker 22 y el lugar donde se encontraba obligaban a utilizar medios adecuados para evitar que la estructura sufriera daños durante la maniobra.
Lo que inicialmente parecía una iniciativa individual terminó convirtiéndose en un verdadero trabajo comunitario. El vecino reunió a varias personas para colaborar en el operativo, muchas de las cuales prácticamente no se conocían entre sí.
La operación requirió coordinación, esfuerzo y paciencia para conseguir mover la embarcación desde el lugar donde había permanecido durante años.
UN BARCO QUE FORMABA PARTE DEL PAISAJE
La historia fue recogida por medios locales de Dinamarca, entre ellos Minbåd.dk, a partir de información publicada originalmente por Fyens Stiftstidende.
Más allá de la particularidad de la maniobra, el caso muestra cómo un problema que durante años permaneció sin solución terminó resolviéndose a partir de la iniciativa de un vecino y de la colaboración de otras personas.
La Junker 22, que durante mucho tiempo había sido una presencia habitual en el fiordo de Faaborg, finalmente dejó de formar parte del paisaje frente a la vivienda de Lindegaard.
Una historia poco habitual que demuestra que, en ocasiones, para solucionar un problema náutico que parece imposible de resolver, solo hace falta que alguien tome la decisión de empezar.
Fuente: La Razón de España






