Piratas en el Golfo de Guinea

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La costa atlántica africana es el nuevo lugar predilecto de los criminales de altamar. En los últimos meses, el petróleo se convirtió en el botín más preciado.

Feroces y brutales. Desde China hasta las costas de África, los piratas siguen acechando los mares del planeta. Hoy, el foco se encuentra en la zona del golfo de Guinea. Un dato: el transporte por esta vía representa más del 90 % del comercio mundial, y el comercio marítimo se ha multiplicado por cuatro en los últimos 40 años. Estas cifras explican el porqué del resurgimiento del fenómeno de la piratería.

Los piratas se convirtieron en un verdadero dolor de cabeza para empresas y gobiernos. Con armamento y tecnología de última generación, recorren las aguas costeras en lanchas rápidas y operan desde barcos nodriza, ubicados lejos de la costa.

Comúnmente, actúan en pequeños grupos de cinco a siete personas y con apoyo logístico desde el continente. Sin embargo, existen operativos que pueden movilizar hasta 70 individuos. Hoy, las tres zonas más afectadas son el estrecho de Malaca, el Cuerno de África y el golfo de Guinea.

EL INFIERNO DE MALACA

Desde finales de la década del 90 hasta comienzos del 2000, el foco de la Organización Marítima Internacional estuvo puesto en el mar de la China Meridional y, particularmente, en el estrecho de Malaca.

En este territorio, el auge de los actos de piratería coincidió con el espectacular crecimiento económico de los mercados asiáticos, liderados por China, y su apertura al comercio internacional.

Por este estrecho de más de 900 kilómetros de extensión, ubicado entre Indonesia, Malasia y Singapur, transitan anualmente unas 60.000 embarcaciones: se trata del punto de pasaje obligado entre el mar de la China Meridional y el océano Índico, un lugar por el que transita el 60 % del comercio marítimo mundial.

En Malaca, quedaron atrás las operaciones clásicas de depredación o detención violenta de navíos por parte de estos criminales de alta mar y les dieron paso a nuevas combinaciones tanto logísticas como operativas.

Además, se acentuó la cooperación de piratas locales con otros actores transnacionales, como traficantes de armas, rebeldes de movimientos revolucionarios de la zona e incluso organizaciones terroristas internacionales. Esta amenaza se tornó particularmente grave en Indonesia por la presencia de células yihadistas locales.

A partir de 2004, tanto Indonesia como Malasia y Singapur comenzaron a llevar a cabo una serie de acciones a nivel bilateral y regional en materia de seguridad marítima. Si bien en los siguientes años hubo una reducción del número de ataques registrados en la zona, este tipo de actos no ha desaparecido totalmente de la zona.

La Organización Marítima Internacional estima que el 19 % de las acciones de piratería registradas en 2021 se han producido en el estrecho de Malaca.

EL CUERNO DE ÁFRICA, “LA CASA” DE LOS PIRATAS SOMALÍES

El Cuerno de África y, más precisamente, el estrecho de Bab-el-Mandeb, es otra arteria clave del tráfico marítimo internacional. Con apenas 115 kilómetros de longitud, separa el mar Rojo del golfo de Adén. Por allí, transita cerca de un cuarto del comercio marítimo mundial.

La gran explosión de la piratería en esta zona se dio en la primera década de este siglo. Los ataques se multiplicaron y la caracterización de Somalia como “Estado fallido” se convirtió en un caso de manual a la hora de explicar este fenómeno de ausencia de un gobierno central con poder real sobre todo el territorio.

Una zona clave es Puntlandia, región semiautónoma ubicada en el mismísimo Cuerno de África donde proliferó este tipo de ataques durante la década pasada.

La debilidad en los controles, la multiplicación de bandas delictivas en las costas somalíes y la búsqueda de alternativas a la cada vez menos rentable actividad pesquera artesanal terminaron de redondear un combo explosivo.

Se estima que, entre 2005 y 2012, los piratas fueron responsables del secuestro de 179 barcos frente a las costas de Somalia y el Cuerno de África, de los cuales un 85 % fueron liberados tras el pago del rescate. En ese período, según la ONU, el Banco Mundial e Interpol, estos piratas llegaron a mover ingresos por 400 millones de dólares.

Si bien el número de acciones se redujo, el Cuerno de África aún representa el 30 % del total de actos de piratería marítima en el mundo.

EL GOLFO DE GUINEA, EL NUEVO EPICENTRO DE LOS ATAQUES

La zona más caliente se encuentra en este territorio del continente africano. En 2021, el 43 % de estas operaciones criminales se realizaron ahí.

En este caso, el fin de la operación no es ganar dinero mediante el pago de rescate. El objetivo es otro: la obtención ilícita de petróleo y su comercialización en el mercado negro.

El aumento de la violencia en los ataques a los barcos en la zona impulsó a unas 234 empresas navieras y armadoras que operan en el golfo de Guinea a firmar una declaración conjunta para pedir una coalición contra la piratería en la zona.

La situación sigue siendo grave y amenaza no solo la estabilidad de la zona, sino el suministro de petróleo en un momento de grandes tensiones globales.

Está claro que la inestabilidad política, la falta de oportunidades y la debilidad de las instituciones del Estado favorecen el florecimiento de este tipo de actividades criminales, que azotan hoy particularmente el continente africano.

Mientras tanto, a pesar de los planes para intentar controlar este tipo de delitos, parece lejano ponerle fin a una actividad que jaquea las principales rutas marítimas comerciales del planeta.

Fuente: Infobae

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