Puerto de Nápoles

Una nueva legislación prohíbe a las embarcaciones de más de 75 metros de eslora atracar en el puerto de la ciudad

«El Golfo de Nápoles es la bahía marítima más transitada del mundo después del puerto de Hong Kong, en el que también hay cuatro áreas marinas protegidas. Debemos defender al hombre del mar y al mar del hombre. Con estas palabras, el almirante Pedro Vella, director marítimo de la región italiana de Campania y comandante del citado puerto, defiende su decisión de vetar a los grandes barcos estableciendo como límite los 75 metros de eslora.
Entre los grandes afectados, Bernard Arnault. Al multimillonario dueño del grupo LVMH, se le impide atracar allí con Simphony, el barco de 101 metros de eslora valorado en nada menos que 300 millones de euros. El barco se encontraba en aguas de Castel dell’ Ovo preparado cuando se le impidió atracar en el muelle Luise di Mergellina, tradicional lugar de desembarco de los barcos de lujo. En palabras de las autoridades, era demasiado largo y la maniobra de su atraque habría creado numerosos problemas, además de por su gran tamaño habría ocupado el sitio de cuatro barcos en el muelle.
Arnault, que ya había habitado el muelle napolitano el año pasado, decidió, por tanto, marcharse, con graves perjuicios económicos para la ciudad. De hecho, se calcula que el Puerto de Nápoles gana de media entre 50.000 y 100.000 euros diarios en la recepción de barcos de lujo. Por no hablar de todo lo que rodea al muelle, y que proporciona una facturación millonaria.
Sin embargo, el encargado del puerto parece decidido a mantener la legislación vigente y asegura que Nápoles no es un «safari». «No creo que ni Arnault ni otros visitantes como Jennifer López, DiCaprio o todos aquellos de los que se dice que ya no podrán atracar en Nápoles quieren atracar en detrimento de los principios de seguridad», principal motivo por el que se ha vetado su entrada.
Al parecer la gran estructura de este tipo de naves nubla la vista para aquellas embarcaciones pequeñas que también quieran atracar en el puerto. «No pueden ni deben culparnos. Si una carretera es estrecha, ¿se desquitan con la policía de tránsito? Estos yates en ese muelle son como un gran autocar estacionado en medio de una intersección», argumenta Vella.

En el plano político son muchos los que defienden esta postura y no culpan a los responsables marítimos, sino a los que no apuestan por una modernización del puerto. «No es razonable atribuir responsabilidades a la capitanía de puerto que se limitó a aplicar las leyes«, explica Fulvio Martusciello, de Forza Italia. «Más bien, las responsabilidades recaen en quienes, a sabiendas, no desarrollaron el puerto de Nápoles. Hasta que no se entienda que Nápoles es la capital regional y, como tal, merece un puerto a la altura, nos veremos obligados a rechazar barcos de lujo».

Fuente: El Debate

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