Cuando un cabo u otro elemento se enreda en la hélice, ¿qué hay que hacer? He aquí algunos consejos valiosos

Uno de los mayores peligros de la navegación a motor en el Delta del Paraná es la suciedad que nuestros ríos presentan, también en los puertos náuticos abarrotados de embarcaciones. Es que el cabo de una boya, el famoso remolcador, o incluso una bolsa de plástico a la deriva, se enreden en la hélice, normalmente bloqueando el motor.

En cuanto la hélice haya atrapado un cuerpo extraño, aparecerá un síntoma inconfundible: las revoluciones del motor bajarán repentinamente y éste tenderá a detenerse de inmediato. Los expertos aconsejan que lo primero que hay que hacer en estos casos es desmontar el engranaje y el acelerador lo antes posible para reducir la tensión en el eje de transmisión, ya que en el peor de los casos se podría romper la chaveta, y de esa manera encontrarnos con un inconveniente en el caso de no tener una de repuesto.

La principal recomendación, es que si has tenido la previsión de adivinar cuál es el problema, pruebes, tras una parada inmediata, a invertir la marcha, sólo por un momento. A veces, sobre todo si se trata de bolsas de plástico o de cables grandes, esto puede funcionar y se saldrá del paso. En caso contrario, mantener la calma, detené la embarcación sin que sufra daños, amarrá lo mejor que puedas en el muelle o tira el ancla si te encuentras en una zona adecuada para hacerlo y que esté convenientemente resguardada.

Liberar-hélice-cuchilloEn verano, cuando las aguas son cálidas (si son claras, mejor aún, caso de la costa atlántica, lagos del sur o Paraná Alto), no será un gran problema bucear o encontrar a alguien con una máscara, aletas y un cuchillo afilado para liberar la hélice de su barco o lancha.

Es una buena idea tener siempre el equipo necesario a bordo para estas pequeñas inmersiones, y sería mejor tener un medio traje para las inmersiones al principio o al final de la temporada.

Cuando el agua no es especialmente cálida, en lugar del traje de neopreno se puede llevar un jersey ajustado, a ser posible de lana, que, aunque mucho menos, ayuda a formar una capa de agua menos fría alrededor del cuerpo. En estas condiciones, así como con aguas agitadas, es preferible que el buceador esté asegurado a la cubierta con una línea de seguridad.

Si un cabo de a bordo se ha enganchado en la hélice, casi siempre es posible liberarlo sin necesidad de sumergirse o cortarlo. En los casos más sencillos, basta con ejercer la tracción tras poner el motor en punto muerto. Sí incluso de esta manera el cabo no se libera, será necesario acceder al motor para girar el eje de la hélice a mano, después de haber comprobado el sentido de giro en el que se ha enrollado el cabo. Con un poco de paciencia y vuelta tras vuelta, puede que consigas liberar la hélice, pero no olvides que al forzar demasiado el cabo que tiras desde la cubierta corres el riesgo de dañar el eje: si el cabo es duro y se resiste, el baño es inevitable.

Desde ya que todo esto es mucho más sencillo en el caso de un motor fuera de borda, ya que al levantarlo la hélice queda fuera del agua.

Un último intento antes de la inmersión se puede hacer desde la embarcación auxiliar, utilizando el bote, al que se habrá atado un cuchillo, idealmente un cuchillo estilo “Tramontina” con serrucho como la que se suele utilizar para cortar el pan.

Si la inmersión es la única solución posible para la hélice (y ni hablemos del ancla), los que han podido aprender a bucear asistiendo a un curso de “buceo deben considerarse afortunados, ya que disponen del equipo adecuado incluso para mayores profundidades o para temperaturas no siempre veraniegas.

Cortacabos

Existe un elemento que se llama “cortacabos” que se coloca en la unión del eje con la hélice. Sirve para evitar quedarnos sin propulsión y a la deriva por enganches de cabos, redes, algas, líneas de pesca y demás elementos. Gracias a su uso se pueden impedir accidentes, averías y problemas graves en ejes y transmisiones.

El cortacabos aprovecha el movimiento de la hélice del barco como fuerza de inercia para el corte al detectar un cabo, red o cualquier otro elemento extraño. Se compone de dos partes. Una rotativa instalada en la propia hélice o en el eje, dependiendo de las dimensiones, distancias y diseño del sistema, y otra estacionaria. Las cuchillas de la parte rotativa “agarran” ese elemento y lo llevan a las cuchillas de la parte estacionaria que, al encontrar resistencia, fuerza a la rotativa haciendo que ambas se encuentren y provocando el corte por un efecto de tijera.

La fuerza de corte aumenta proporcionalmente a la resistencia que encuentra la parte estacionaria. De esta manera, se evita que el enredo llegue al eje. Al finalizar el corte, la cuchilla de la parte estacionaria vuelve a su posición neutral.

Los peligros de Delta

La zona navegable del Delta de Paraná en la primera sección fundamentalmente es la más peligrosa para encontrarnos con objetos en el agua que nos pueden provocar un enredo en la hélice. Los peligros más frecuentes son la posibilidad de enganchar cabos, bolsas de residuos y líneas de pesca. La recomendación es navegar alejados de la costa, principalmente en zonas “costaneras” donde habitualmente hay pescadores. Lo mismo sucede  en las entradas y salidas a algunos ríos y arroyos que se meten en el continente en las zonas más pobladas de San Isidro, San Fernando y Tigre.

Otro inconvenientes habitual, es enganchar un junco (en el caso de navegar cerca de ellos). Quizás este enredo sea el menos complejo, ya que vamos a sentir rápidamente que caen las revoluciones del motor, el mismo “corcovea” (si es fuera de borda) y se siente pesado. Muchas veces suelen desintegrarse por las revoluciones y otras, con solo dar reversa, se desenganchan.

La pata, la línea de eje y la hélice son parte fundamentales del sistema de propulsión de nuestra embarcación, por lo que siempre tenemos que estar muy atentos a estos inconvenientes.

Con información de Revista Todos los Barcos

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